jueves, 18 de octubre de 2007

EL SIGLO DE LAS LUCES

La revolución intelectual del siglo XVIII, conocida como Siglo de las Luces, fue testigo del abandono de muchas costumbres profundamente arraigadas, ya que anunciaba una nueva era científica de la razón.

Era hora de realizar un gran cambio, y se aproximaba el comienzo del fin de muchas creencias y supersticiones, en especial las relacionadas con fantasmas y vampiros.

Los empíricos y filósofos del Siglo de las Luces castigaban a los folkloristas y fanáticos religiosos por creer en los "no muertos", mientras que la Iglesia, a pesar de continuar respaldando la creencia en el Diablo y la resurrección, se negaba a secundar los relatos sobre vampiros y brujas.

Jean-Jac-Rousseau (1712 - 1778), uno de los filósofos más influyentes de este período, resumió la progresista actitud frente al vampirismo en una misiva al arzobispo Christophe de Beaumont:

"Si existe en este mundo un relato bien refrendado, ése es, sin duda, el de los vampiros. No le falta de nada: informes oficiales, testimonios de personas de renombre, cirujanos, sacerdotes, magistrados; la prueba judicial está casi al completo. Sin embargo, y a pesar de todo ello ¿Quién cree en los vampiros?".


CRIMINALES VAMPIROS

En el siglo XIX volvió a utilizarse el popular término "vampiro" para describir a criminales sádicos, sedientos de sangre ... pero muy vivos.

El asesino en serie alemán Fritz Haarmann, por ejemplo, fue conocido como el "Vampiro de Hannover" por su caníbal matanza de cincuenta jóvenes homosexuales.




Y el llamado "Vampiro de Düsseldorf", Peter Kurten, estrangulaba, violaba y degollaba a sus víctimas, ya que, según sus propias palabras, anhelaba su sangre como un alcohólico ansía beber. "No me entienden", afirmó Kurten antes de perder la cabeza en la guillotina. "Nadie me comprende".




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